Estuve acompañado durante toda a Semana Santa por
dos seminaristas del Seminario Hispano en Los
Aparicio. Ellos son Arturo Vargas, de 2o. de
Filosofía, y Nicolás Araujo, de Pre filosofía.
Por mi parte, mi lugar de residencia fue Buenavista,
porque allí estaban también otros dos seminaristas;
otros dos en Víboras, pero asistidos por el P. Cheo.
Entonces, me trasladaba de
Buenavista al ranchito mágico de Los Aparicio.
Llegamos el sábado, víspera del Domingo de Ramos. Ya
estaba programado iniciar ese día con la Misa por la
tarde y a partir de ese momento dar los avisos de
toda la Semana Santa.
Realmente fue una experiencia bella, llena de
expectación para todos, para la gente de ese lugar,
para los alumnos y mas para mi.
Desde el primer contacto en los Aparicio, me llamó
la atención la edificación del nuevo templo
construido recientemente. Realmente me gusto mucho
su diseño, porque es de buen gusto, amplio, acogedor
y sí parece un templo que invita a la oración, al
recogimiento.
Las actividades fueron aumentando al paso de los
días. El Domingo de Ramos iniciamos con una
procesión desde un lugar cercano al templo. Se
acercó un pequeño número de personas, puesto que no
pasan de unas 150 en ese bello rancho.
Ya para los días, lunes, martes y miércoles santos
teníamos programadas reuniones con niños por la
mañana y por la tarde con jóvenes y adultos. Esos
mismos días hubo Rosario a las 7 de la mañana,
recorriendo las calles y terminando en el templo. La
Misa también fue matutina lunes y martes después del
Rosario. El miércoles no hubo Misa, porque yo
asistí a la Catedral de Zacatecas acompañado por el
Sr. Cura de Tepetongo, P. Guillermo Lara. Allí se
reunieron los sacerdotes de la diócesis de Zacatecas
y celebramos junto con el Obispo Jesús Carlos la
Misa Crismal y la institución del sacerdocio.
Comimos en un estupendo edificio colonial del
obispado. Por la tarde visite a los alumnos en
Víboras y organizamos pequeños detalles pendientes
en ese lugar.
El martes santo me acompañó a visitar a todos los
enfermos de Los Aparicio la Sra. Lupe( esposa de
José Manuel Aparicio), quien está encargada ahora de
la Vida Cristiana de la comunidad. Siempre será
grato visitar a los enfermos que no pueden ir al
templo por razones de edad, por enfermedad o por
alguna causa especial.
Primero me llamó la atención que cuando avisé en la
capilla el sábado que iría a visitar a los enfermos
que me dijeran las mismas personas, una mujer ya
mayor y envalentonada, dijo: 'Aquí no hay
enfermos...' Entonces hábilmente dije, 'Iré a
visitar a sus casas a quienes tengan de 65 años para
arriba...'
La respuesta es que fui a la casa de 15 enfermos y
eso que nos los había, según la buena mujer..!
No faltó mi visita a la casa de la Sra. Panchita
Aparicio y a su hija Chela. Allí hablamos
ampliamente sobre los familiares que tenían y yo
conozco.
Una de mis 'credenciales' de presentación fue que yo
era sobrino de los tíos Miguel y Valentina Flores.
Por supuesto, que todos los conocían y así ellos
eran mi puerta fácil de acceso para dialogar con
mucha gente. A otras personas les decía que era
nieto de don Salvador Flores y Cuca Castañeda.
El resto de los días santos fue más intenso el
trabajo y mucho disfruté el jueves la Misa del
lavatorio de los pies, con los 12 apóstoles y la
institución de la Eucaristía.
El viernes hubo el viacrucis por la mañana y me
integré por la tarde a la Liturgia de la Palabra,
con la lectura de la Pasión, la adoración de la cruz
y la procesión del silencio. Cómo me agradó este
momento: veía las estrellas como pocas veces, en
medio del silencio de la comunidad, el sonar de dos
tambores que acompañaban a la Dolorosa y a una cruz
que nos presidía y eran cargados por mujeres y
hombres. Casi toda la gente se integró a ese
momento.
El sábado de gloria sí que fue una fiesta en el
momento de la vigilia pascual. La Misa fue bella,
pausada, con muchos signos y símbolos que iba
explicando a las personas. Los cantos bien entonados
por parte de José Manuel Jr. Aparicio con la
guitarra y por Natalia en el teclado.
El domingo fue la última Misa y la despedida. Creo
que todo esto fue una bendición para todos, para
cada persona que nos ayudó con sus talentos, con sus
alimentos en sus casas y muchos colaboradores en las
lecturas, en los cantos y con su sonrisa, su
atención, su amabilidad. No cabe duda que estas son
semillas abundantes de gente buena en ese querido
estado de Zacatecas. Claro, nosotros también fuimos
bendecidos por estos eventos y nos quedamos con un
gratísimo sabor de boca.
Por otra parte, tuve oportunidad de hablar
ampliamente con Leobardo, con Chela y Con Doña
Panchita, con Wendy. Por otro lado, con Roberto,
Rosaura, sus hijas Natalia, Cristina, y sus otros
dos pequeños. Roberto mencionó orgulloso que era
compadre de sus primos Sergio, Cristina.
Mucho me pidió y agradeció que visitara la Srita.
Hermelinda. Me presentó a sus papas, a quienes cuida
con todo tipo de atenciones. Ella me ofreció
alimentos en dos ocasiones. La tengo presente en la
plegaria.
Todo el conjunto de lo vivido fue un momento muy
bello en cada instante y reconozco que también fue
intenso el trabajo pastoral. Algo similar fue en
Buenavista, pero con sus características propias.
Allí conocen mucho a mi famoso Chavo y a mi Cuca,
los queridos abuelos.
Gloria a Dios por estos trabajos que me comprometen
a seguir siendo mejor cristiano y construir ya el
futuro en medio de las adversidades.
P. Rodrigo Benítez Flores.
Rector del Seminario Hispano